Was it in a dream, was it just a dream?
I know, yes I know
Seemed so very real, it seemed so real to me
H.P. Lovecraft – Supernatural Horror in Literature
Estamos
En la radio (una de esas radios antiguas con un visor gigante de números blancos y gruesos atravesado por una línea roja muy fina y teclas grandes y de un color marfil indefinido como dientes enfermos) se escucha (lo más acertado sería decir que gotea) una canción que quiere convencerme de que es de Miles Davis, pero yo sé que no es así.
Yo lo entiendo muy bien. Tengo esa sensación a veces en lo alto de la noche cuando no puedo dormir y el silencio es agresivo.
y uno de mis compañeros (el sustantivo excede lo que siento por mucho), el que está sentado detrás del conductor, a mi lado, se baja y se interna en la aterrada nada oscura que es ahora la ruta por la que nos movíamos. Se acomoda el abrigo y va desdibujándose mientras se aleja. La radio insiste en la canción que suena a jazz pero significa insectos haciendo cosas horribles. Escucho pasos que se acercan y la puerta de atrás del lado del conductor que se abre.
Subo yo. Me siento a mi lado.
El coche se pone en marcha y acelera en la anormal densidad de la oscuridad de la noche.
Despierto.
Sólo árboles secos.
Aún se animan a jugar
unos niños viejos.
Los Visitantes – Gris Atardecer
“¿No querés divertirte?” Grita, escupe, canta, aúlla, golpea la figura de una nena desde una descolorida hamaca de plaza, plana la madera al final de un montón de eslabones oxidados.
Flores de amarillo intenso y despiadado rojo le rompen los aún no formados pechos y se desparraman por su falda y caen, hacia delante y hacia atrás, con cada balanceo de la hamaca, con cada aullido de su risa enferma.
Despierto.
"All women are remarkable."
Orpheus and Andros – Sandman #41
Estamos solos, los dos y un reloj de sol, en una terraza teñida de blanco y de oro. Ese tipo de terraza que uno asocia con el mediterráneo: construcción blanca de paredes bajas bajo un sol que hace todo más blanco aún.
Los trebejos zumban canciones y el viento huele a vainilla y a saliva dulce.
Quiero cogerte.
Recuerdo que quería cogerte.
¡!
En el sueño.
…
Cuando levanto la vista del tablero no hay nadie. Queda un serio olor a vainilla y al desodorante que usabas hace años.
Despierto.
-S.C. Johnson
La llave, lo sé, está en un pájaro.
Subo corriendo una escalera de piedra y de mármol que se enrosca sobre un árbol enorme y del color del bronce recién lustrado.
Subo por la escalera saltando los escalones de a dos y de a tres, estirando los brazos y sacudiendo la jaula con cada movimiento.
Subo esa escalera gigante y le pido al primer pájaro
El pájaro trina
Despierto.
and her eyes will say
she’s got a secret garden
where everything you want,
where everything you need
will always stay
a million miles away.
Bruce Springsteen – Secret Garden
Me acerco para ver qué es y ahí ella se levanta.
Desnuda, tiene la cara inolvidable; el pelo corto, con mil colores distintos.
Levanta el brazo izquierdo. Está empuñando un arma. Me apunta. Es un arma extraña: tiene forma de pistola, pero tiene injertado un cargador de revólver. Gatilla. Del cañón sale un haz de luz que me traspasa de lado a lado.
No hay dolor. No hay lesión de ningún tipo. La luz pasa a través de mí, y nada más.
Ella me sonríe.
Despierto.
pinned down and abused for being strange.
Our love is no other
than me alone for me all day.
Live – All Over You
Me doy cuenta de que en una situación así no sirve llorar y eso me enoja.
Veo el agua.
Siento el agua.
Mi novio ríe y baila girando desnudo
No puedo verme, pero puedo ver el agua. Eso… me enoja.
No escucho nada y eso me enoja.
Esa mañana Cristian me llamó cuando estaba desayunando. Recuerdo, incluso ahora, ese clima de irrealidad que me envolvía cuando él me dijo “Soñé con vos ayer. Algo extrañísimo”. Recuerdo el ruido del agua llenando la mochila del inodoro (recién había tirado la cadena). Ese momento mínimo de atemorizada magia mientras esperaba que me contara. Igual me dijo que soñó que le regalaba una camioneta.
and make them all my souvenirs.
Elvis Costello – She
Corro sin ninguna elegancia, como corren los que tienen ganas de correr. Tiro las piernas adelante y dejo que el resto del cuerpo las siga.
Soy la imagen que tengo hoy de la persona que era cuando tenía once años. El pelo corto, la cara redonda, los ojos grandes y las pestañas inmensas. Una sonrisa boba me ocupa gran parte de la cara.
Adelante hay un árbol. Lo asocio sin pensarlo mucho con el árbol bajo el cual Alicia se durmió.
Paso bajo el árbol, salto y le arranco varias hojas verdes y sanas.
Unos cuantos saltos más adelante me encuentro con mi hermana. Está acostada en el suelo, la panza contra el pasto, una nena de nueve años con un vestido blanco y rojo y con un tarrito de vidrio de yogur La Vascongada y una cuchara grande de mango rojo.
Está leyendo uno de los cuadernos Gloria en los que le dibujaba cuando era chico historietas en las que los protagonistas eran nuestras mascotas (muchos cobayos y hámsteres y conejos que eran nuestra compañía en las tardes vacías) disfrazadas de superhéroes.
Me freno y me miro las zapatillas: unas azules y blancas, de marca indefinida, con dos abrojos y las puntas comidas por pegarle a la pelota. Sabri me mira y se ríe. Me grita, como siempre, que tengo cara de tortuga.
Despierto.
Hace años que no veo yogur en tarrito de vidrio. Yogur de frutilla de color blanco marca La Vascongada.
Me acuesto.
Soy un conejo blanco que corre entre la nieve. Sabri ya es grande y está vestida de rojo y verde, muy abrigada, en un banco de mármol perdido entre tanta nieve blanca. Tiene anteojos cuadrados y un gorro de lana. Me subo a sus botas y me limpio la cara con las manos.
Ella sonríe y lee en voz alta un libro de tapas gruesas y verdes. No entiendo ni una palabra.
Lord Dunsany – The Laughter of the Gods
Y lo hice.
En algún sueño anterior, tonto.
Convertía a los animales en personas y a las personas en cartas y me daban un premio.
¡Los animales, tonto!
Y cantamos para la tele.
Magic in the air, was magic in the air?
I believe, yes I believe
More I cannot say, what more can I say?